Otra memoria para la piel

Por Dr. Jorge Soto |

otra-memoria-para-la-piel

Las nuevas tecnologías permiten un mayor seguimiento y detección de posibles melanomas.

Sumergidos ya en el verano, los especialistas no se cansan de recordar lo malo que es para la piel una exposición prolongada y directa al sol, sobre todo sin usar la protección adecuada. La preocupación es lógica puesto que cada año aumentan un 10% los casos de melanoma cutáneo en el Estado. Este tipo de cáncer de piel, aunque es el menos común de los que existe, es el más agresivo.

La mejora en el diagnóstico, no obstante, cada vez es mejor y la mortalidad por este tipo de tumor no ha sufrido un aumento significativo en los últimos años, según la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV). Un dermatólogo es capaz de determinar si un lunar es preocupante y, si se diagnostica como un melanoma en fases precoces, la curación es superior al 95% gracias a una sencilla intervención quirúrgica.

Pero a los profesionales no les resulta nada fácil recordar si el número de manchas en la piel de un paciente ha variado de un año a otro o si en ese periodo los lunares han cambiado de forma o tamaño. Es en este aspecto, el del seguimiento y detección de posibles melanomas, donde la tecnología más ha evolucionado. En los últimos diez años los centros hospitalarios, tanto públicos como privados, vienen utilizando máquinas y herramientas informáticas capaces de hacer un mapa de todo el cuerpo del paciente para analizar y registrar todos los lunares existentes en su cuerpo y compararlos en diferentes periodos de tiempo.

«Siempre estará por encima el criterio del médico pero sin duda es una gran ayuda para complementar la memoria del especialista», asegura el doctor Jorge Soto, jefe del Servicio de Dermatología de Policlínica Gipuzkoa. Este centro hospitalario cuenta con la última tecnología en el uso de estas herramientas, denominada ‘Fotofinder’.

Se trata de una máquina cuyo funcionamiento consta de dos partes, independientes entre sí pero complementarias. Por una parte, cuenta con un sistema que realiza un mapeo corporal completo. Así, el paciente, desnudo, es escaneado por una cámara de alta precisión que capta imágenes de todo su cuerpo y ficha todos los lunares que tenga. Este proceso puede durar algo menos de media hora. «La cámara toma imágenes de la persona de frente, de espaldas y en posición lateral. También de las palmas de las manos y las plantas de los pies. No hay ninguna parte del cuerpo exenta de riesgo por lo que hay que inspeccionarlo todo. De hecho, en individuos de razas muy pigmentadas, como los de raza negra, la mayor parte de los melanomas que puedan tener les salen en estas últimas partes», apunta el dermatólogo.

La segunda función de ‘Fotofinder’ es la denominada dermatoscopia digital. Con otra cámara de precisión, el dermatólogo examina uno por uno aquellos lunares que más le llaman la atención y éstos se visualizan en la pantalla de un ordenador a gran escala y gran definición. «El profesional los puede observar mejor. Además, la mancha se somete a un análisis del software del sistema, que aplica una serie de parámetros de color, de forma y de contorno, entre otros, para emitir una valoración del riesgo que cree que tiene dicho lunar o si encuentra algo sospechoso. Sobre todo es una ayuda más para casos complejos», asegura el doctor Soto. La precisión del programa informático permite que en futuras revisiones la máquina detecte hasta la más mínima alteración en los lunares del paciente.

img2

Para casos concretos

No hay ninguna contraindicación para la utilización de esta herramienta. No obstante, su uso está dirigido sobre todo –por no decir exclusivamente– para aquellos grupos de población con riesgo alto de poder desarrollar un melanoma. «Esas personas son aquellas que tienen unos rasgos físicos y genéticos determinados o han realizado ciertas conductas dañinas para la piel», concreta el doctor Soto.

Teniendo en cuenta los rasgos físicos, entran dentro de la población de riesgo aquellos que tienen la piel y los ojos claros, puesto que tienen una mayor predisposición a sufrir quemaduras solares. «La capacidad de un cuerpo para defenderse de los rayos del sol viene predeterminada por los genes», apunta Soto. Por ello, los antecedentes personales o familiares en tumores cutáneos son también factores de riesgo. Por último, están aquellas personas que tienen muchos lunares. «Se estima que aquellos que tengan más de 50 lunares tienen mayores posibilidades de tener cáncer de piel que los que no», añade el doctor.

En cuanto a la conducta, deben prestar atención en la evolución de sus lunares aquellas personas que hayan sufrido importantes y reiteradas quemaduras solares, especialmente antes de los 15 años. Es importante, por tanto, usar la protección adecuada en función del tipo de piel. En este sentido la AEDV advierte que para obtener un resultado más óptimo de la utilización del fotoprotector debe aplicarse en casa y nunca en la playa o en la piscina. Hacerlo sobre la piel seca 30 minu- tos antes de exponerse al sol. También recomienda cubrir la cabeza con un sombrero o gorra con visera; los ojos con unas gafas adecuadas; y los labios con protector labial.

El melanoma, el más agresivo

El cáncer de piel se manifiesta de muchas formas, incluso para el mismo tipo de tumor. Puede presentarse como un pequeño bulto tipo ‘grano’, que crece lentamente o por el contrario, rápido. También puede manifestarse como una pequeña herida que no cicatriza o incluso como una mancha rosada que se descama y que recuerda a un eccema. Cuando tiene pigmento –coloración marrón, negra o azulada– es más fácil de reconocer y en estos casos lo primero que hay que descartar es que se trate de un melanoma.

Hay muchos tipos de cáncer de piel pero más del 90% se pueden agrupar en cáncer cutáneo no melanoma y melanoma. Éste último es el más agresivo pero menos frecuente. Representa el 4% de los cánceres de piel pero supone el 80% de fallecimientos por esta causa. No obstante, si se diagnostica rápido la curación es posible en más del 95% de los casos. Por su parte, el cáncer cutáneo no melanoma engloba los dos tipos más frecuentes, que se conocen como carcinoma basocelular y carcinoma epidermoide.

El ABC para examinar la piel

«No es cuestión de lanzar un mensaje de alarma o preocupación. Lo importante es no sufrir quemaduras y auto-inspeccionarse el cuerpo para poder detectar algo extraño y comunicárselo al médico», recomienda el doctor Soto.

Para examinarse a uno mismo basta con seguir los criterios del método denominado ‘ABCDE’. Las cinco primeras letras del abecedario sirven para identificar cinco rasgos que hay que tener en cuenta para saber si un lunar es sospechoso: A, de asimetría; B, de bordes irregulares y dentados; C, de color heterogéneo (marrón claro a negro); D, de diámetro que supere los 6 milímetros; y finalmente E, de evolución del tamaño, color y grosor. Otro método es el denominado ‘del patito feo’. Según este criterio, la aparición de una lesión pigmentaria puede ser considerada como sospechosa si se muestra diferente al resto de lunares que hay alrededor de ella en el cuerpo.

Por otra parte, para realizar una auto-observación rápida basta con la ayuda de un espejo y tener en cuenta los consejos anteriores. Es necesario examinar el rostro, las orejas y el cuero cabelludo. También las palmas y los dorsos de las manos, las uñas, así como codos, axilas, resto de brazos cuello, pecho y vientre. Con el espejo se puede inspeccionar la nuca, los hombros, la espalda, el antebrazo y los muslos y debajo de los senos en el caso de las mujeres. Y estando sentado, los muslos, las piernas, las plantas de los pies y el dorso, además de las ingles y la zona genital.

:: DANI SORIAZU
SAN SEBASTIÁN.

Fuente: http://www.diariovasco.com/

Etiquetas: ,